Rubén Díaz (HISPEEDSIM): once simuladores, dos quiebras y la pregunta que nadie responde
Con Rubén Díaz · HISPEEDSIM
Rubén Díaz montó HISPEEDSIM tras quebrar dos veces. Hoy fabrica simuladores de 70.000 euros, los envía a Tokio y trabaja con pilotos de Ferrari. En Somos Motor cuenta qué se aprende de verdad en una pantalla y qué no.
Invitado
Rubén Díaz · HISPEEDSIM
En el episodio 20 de Somos Motor se sienta Rubén Díaz, fundador de HISPEEDSIM, el centro de simuladores que ocupa la planta baja de Westfield La Maquinista, en Barcelona, con once puestos alineados y una clientela que va del curioso de fin de semana al piloto profesional. Rubén ha quebrado dos veces, ha llevado cincuenta simuladores a una carpa en Arabia Saudí, ha fabricado su propio chasis y ha desarrollado un volante de aros para que personas sin movilidad en las piernas puedan volver a conducir. Con él hablamos de negocio, de aprendizaje y de una pregunta que sigue abierta: ¿se aprende a conducir de verdad en una pantalla?
01Dos quiebras antes de acertar
El camino hasta La Maquinista no ha sido corto. Rubén cuenta que ha quebrado dos veces. La primera, con un local mal ubicado que nunca terminó de arrancar. La segunda, con la pandemia, cuando tenía diez personas en nómina y se le cayó la actividad de eventos de un día para otro. Entre medias, la empresa se reinventó varias veces: primero alquilaba máquinas, después montaba eventos por media Europa, luego decidió fabricar su propio chasis modular y, por último, abrió el centro fijo que siempre había estado en el plan original.
Cada tropiezo forzó una decisión distinta. La aventura en Arabia Saudí, con cincuenta simuladores desplegados bajo una carpa, es de esas anécdotas que suenan a película, pero Rubén las cuenta como parte de una etapa concreta del negocio: la de vivir de eventos grandes y puntuales. Cuando aquello se paró, tocó volver a empezar.
02Por qué un centro comercial
La pregunta del millón es por qué HISPEEDSIM está en un centro comercial y no en un polígono, donde el alquiler es mucho más barato. La respuesta tiene lógica de negocio: en La Maquinista pasa gente todos los días, familias, curiosos, grupos de amigos. En un polígono hay que convencer a alguien de coger el coche y desplazarse hasta allí. En un centro comercial, el cliente ya está dentro. La barrera de entrada baja, y con ella el miedo a probar algo que muchos ven todavía como un videojuego caro.
Esa decisión también condiciona el producto. En HISPEEDSIM conviven el que quiere pegarse veinte minutos por diversión y el piloto que entrena para una carrera real. Los simuladores tienen que dar respuesta a ambos.
03Quince datos en el coche, cinco en el simulador
Una de las ideas más interesantes del episodio es la metáfora de las entradas de información. Rubén sostiene que cuando conduces un coche real recibes en torno a quince fuentes de información distintas: el movimiento de la carrocería, la fuerza G que te empuja en las curvas, los sonidos, las vibraciones, el olor, la vista periférica, la sensación en los pies. En un simulador, por muy bueno que sea, esa cifra baja a cinco o seis. Y eso hay que asumirlo.
El simulador no reproduce el coche entero: reproduce la parte del coche que sí se puede entrenar. Y ahí es donde tiene sentido. Sirve para memorizar trazadas, para interiorizar puntos de frenada, para entender cómo reacciona un coche cuando pierde tracción. No sirve para sustituir la sensación física de ir a doscientos por hora. Quien entiende esa diferencia, aprovecha la herramienta. Quien la ignora, se frustra o se cree mejor de lo que es.
04Los tres errores del principiante
Rubén ha visto sentarse a miles de personas y detecta patrones. Los tres errores más habituales del que llega por primera vez son casi siempre los mismos: agarrar el volante con demasiada fuerza, frenar tarde y pisar el freno como si fuera un interruptor, y mirar donde está el coche en vez de mirar donde quieres ir. Los tres tienen traducción directa a la conducción real. Y por eso, dice, un simulador bien usado enseña cosas que en la autoescuela no se enseñan.
De ahí la pregunta que planteamos en el episodio: ¿debería ser obligatorio pasar por un simulador antes de sacarse el carné? Rubén tiene una postura clara y matizada. No cree que sustituya al coche real, pero sí que ayudaría a llegar al primer día con el instructor con nociones que hoy se aprenden a base de sustos.
05El volante de aros: devolver la conducción
Una de las historias más bonitas del episodio no va de tiempos por vuelta ni de pilotos profesionales. Va de un volante. Junto a Ford Adapta, HISPEEDSIM desarrolló un volante de aros que permite conducir sin usar los pies, con acelerador y freno integrados en la propia corona. Lo llevaron al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo para que personas que han perdido la movilidad puedan volver a ponerse al volante, aunque sea en una pantalla.
Rubén lo cuenta sin épica, casi de pasada, pero es probablemente el mejor argumento a favor de que un simulador es mucho más que un juguete. Para alguien que creía que no volvería a conducir, sentarse ahí no es entretenimiento: es recuperar algo.
06El negocio y el futuro
En la parte final del episodio entramos en los números. Cuánto cuesta montar un simulador de gama alta (hasta 70.000 euros la unidad tope), cuánto tiempo tarda en amortizarse, y cómo funciona un modelo que vende tanto experiencias por hora como equipos completos a clientes de todo el mundo. La historia del japonés que llamó a su puerta y acabó llevándose un simulador a Tokio resume bien el punto en el que está la empresa: pequeña en tamaño, global en clientes.
Para los próximos cinco años, Rubén tiene una intuición inquietante: cree que acabaremos dejando de conducir por la calle. La conducción autónoma, dice, se comerá el placer de conducir en el día a día, y el volante quedará para el circuito y para el simulador. Si acierta, centros como HISPEEDSIM no serán una curiosidad de centro comercial: serán el sitio donde la gente vaya a acordarse de lo que era conducir.
07Cierre
El episodio termina con el verdadero o falso del simracing y las cinco preguntas sin pensar que hacemos a todos los invitados. Queda por ver si dentro de diez años seguiremos girando un volante de verdad o solo uno con force feedback, pero de lo que no hay duda es de que el simulador ha dejado de ser un juguete para convertirse en una herramienta. Y quien entiende esa diferencia, como Rubén, ya no va detrás del sector: lo está construyendo.
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