Hay episodios del podcast que se graban y ya. Y hay episodios que te dejan pensando varios días. Este es de los segundos.
Javier y Sergio son dos padres de la zona de Barcelona. Sus hijos, Adri e Ian, compiten en el campeonato de Cataluña en categoría de promoción. Llevan motos con 25 caballos, tienen 12 años y se parten el codo a 120 km/h en circuitos que solo homologan para el día de la carrera.
Les invitamos porque queríamos entender cómo se ve este mundo desde dentro. Lo que nos contaron superó con creces lo que esperábamos.

Cuánto cuesta que tu hijo sea piloto de motos
Sergio volvió a fumar el día que Ian se rompió el húmero a 120 km/h. Javier aguantó cinco vueltas sin poder ir a ver a Adri porque no habían sacado bandera roja. Dos padres, dos pilotos de 12 años y una factura de 10.000 euros al año como punto de partida.
Ver el episodio en YouTubeLo que nos llevamos
- El dinero no es el techo, es el suelo: una temporada en categoría de promoción cuesta entre 8.000 y 11.000 euros si no hay muchas caídas. Eso es el mínimo. Hay familias que llevan tres motos idénticas para entrenar. Hay facturas de recambios de 8.000 euros de una sola vez. Javier y Sergio hacen de mecánicos, enderezando manillares a martillazos y buscando estriberas usadas en el contenedor del circuito para no tirar nada.
- El talento sin dinero se queda en la estacada: Sergio lo dice sin rodeos: su hijo tiene mucho talento, y no lo dice él solo, lo dicen profesionales que lo han visto rodar. Pero sin patrocinadores no se puede avanzar. Dani Pedrosa estuvo a punto de dejarlo porque en casa no llegaban. Marc Márquez tuvo la suerte de que unos hermanos que amaban el motor apostaron por él. La gran mayoría no tiene esa suerte.
- Patrocinar no tiene que ser dinero: un fisioterapeuta de Martorelles le cedió la sala de entrenamiento a Adri sin cobrarle. Una academia de inglés le da clases extra porque si el día de mañana sube de categoría va a necesitar hablar inglés. Dos ruedas, cinco bujías o un parking para entrenar los fines de semana tienen el mismo valor que un cheque. Javier llegó con un portafolio preparado para presentarse en una frutería local. Nadie en este circuito espera que las empresas vengan a buscarles: salen a buscarlo ellas.
- Los ayuntamientos no existen para este deporte: Sergio lleva años pidiendo al Ayuntamiento de Hospitalet que le cedan un espacio de 22.000 m2 que está completamente vacío. La respuesta oficial es que ese espacio es para la ciudadanía. Para entrenar a su hijo, tiene que recorrer 150 kilómetros hasta el circuito más cercano o meterse en el parking de un Carrefour. Las becas deportivas llegan al fútbol, al basket y a la natación. Las motos, de momento, no existen en ese mapa.
- Lo que ven los niños es lo que aprenden: los padres rivales se prestan bujías, se quedan hasta las doce de la noche desmontando la moto del hijo del otro para que pueda salir a pista al día siguiente. Y los niños lo ven. Diez minutos después de una carrera en la que se han estado peleando codo con codo, Adri e Ian están jugando al fútbol juntos. Esa es la parte que no sale en las redes.
Este episodio es la primera parte. En la segunda hablamos con los propios pilotos: Adri y Ian, 12 años, que ya saben lo que cuesta una temporada y a quienes no les tiembla la voz cuando hablan de riesgo.
Si conoces a alguien que esté pensando en meter a su hijo en este mundo, o a alguien que tenga un espacio, un taller o un negocio y no sabe cómo colaborar con pilotos jóvenes, pasa el episodio. Javier y Sergio son la prueba de que hay muchas formas de sumar que no aparecen en ningún presupuesto.
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